jueves, 29 de noviembre de 2007

GARDEL: De la fábula al sainete.

Carlos Gardes con María Franchini

1 -Los últimos estudios publicados, tanto en "Gardelweb" como en el Sitio "Los Amigos de Gardel", relativos a la nulidad del "Salvoconducto" gestionado por Carlos Gardel en el Consulado Uruguayo en Buenos Aires, como instrumento válido de identidad y la “Ratificación” de su origen francés, aceptado al convalidar la justicia uruguaya y argentina su testamento ológrafo (luego también avalado pericialmente), terminaron de manera definitiva la discusión en torno a su nacionalidad.

2 - Pero, para no abandonar su farsa, los "uruguayistas" se empeñan en poner en ridículo a la Policía, por un “Documento Policiaco” del año 1904 en el cual se registra a Carlos Gardes adolescente imberbe, francés, hijo de Bertha, de 14 años, tipógrafo, con impresiones digitales idénticas a las del Pasaporte de Carlos Gardel de 1923. Para ello pretenden arbitrariamente transformarlo en un gandul uruguayo, con pantalones cortos, de 21 o 23 años, que "jugaba al equívoco" frente a la "ingenuidad" policial.

3 - Por otra parte, la trayectoria de Bertha Gardes, -su madre biológica- documentada minuciosamente en Francia, Venezuela, de paso por Estados Unidos y posteriormente en Burdeos (Francia), permitieron ratificar en el tiempo, la imposibilidad material de su estadía y convivencia, simultanea, con alguien residente y nacido en Uruguay.

Estas tres circunstancias imposibles de modificar seriamente, terminaron con las fantasías de las que en la actualidad, hasta el mismo Gobierno Oriental, también ha decidido apartarse diplomáticamente

Por lo tanto, el tema quedó relegado y en manos de “Sitios de Internet” residuales, manipulados por personajes de segundo orden.

Lo curioso y sorprendente es la contumacia e irresponsabilidad con que dichas personas cultivan nuevas fantasías, frente al desalojo que se va produciendo de sus primeras caducas quimeras.

Frente a un auditorio cautivo y poco exigente, ávido en fabricar sus propios héroes, se realimentan situaciones definitivamente desalojadas por evidencias documentales.

Se ha adormecido el espíritu crítico y han restablecido una necesidad inconsciente en negar las certezas, con testimonios descabellados.

Mientras sostenían al unísono, un fantasmagórico y detallado periplo de Bertha Gardes desde Montevideo hasta las Minas de Cuñapiru, con una larga permanencia en Tacuarembó, durante la década 1880/90, olvidándose, simultáneamente, que en ese mismo período, Bertha residía en Venezuela, Burdeos y Toulouse, situación totalmente avalada por una documentación sorprendente para aquella época.


Lo cierto es que Bertha nunca se cruzó, con Escayola, Oliva, Parisi, ni con el "guachito" de Tacuarembó. Tampoco se enteró de su existencia y sus andanzas. Jamás mencionó la existencia de "dos niños", y la prematura pérdida de su propio hijo.

Pero, lo más gracioso de todo esto, es que, los encargados de aportar pruebas en contrario, carentes de ellas, catalogan de "versión", los documentos que se aportan y concluyen “diciendo” que la ausencia de Bertha en Uruguay "no ha sido probada todavía"...

Realmente no alcanzo a comprender entonces, porque se hacen los ofendidos cuando los calificativos con que los premiamos, empalidecen frente a tanta desfachatez.

Sin la menor autocrítica y las dispensas del caso, cambian el "libreto" y se despachan con que: "haya estado o no Bertha en Uruguay" la cosa no tiene importancia por que nos enteramos, a través de la tradición familiar y según testimonio (sin prueba) de los descendientes de Mateo Parisi ,"que ahora el Gardel uruguayo no vino a Buenos Aires de la mano de Anais Beaux...

No Señor. La nueva versión, que aparece en "Gardel Oriental" del 10 de julio de 2007, es que "el niño fue entregado en ADOPCIÓN a Bertha Gardes en Buenos Aires - copia textual - , por el yerno del coronel Escayola apenas ésta llegó de Francia con su hijo propio".

Hay que convenir que la cosa se ha simplificado y nadie tiene derecho a preguntar:

1º) A título de qué Bertha cargó con la responsabilidad de adoptar a un ilustre desconocido, más allá del invento del cual "hablaron" sin prueba, respecto a que ella recibió tres mil pesos sin aclara nunca, si fueron uruguayos o argentinos.
2º) Cómo este señor Parisi conocía la llegada de Bertha a Buenos Aires y su disposición a consumar la adopción.
3º) Cómo se operó, notarialmente, la adopción de un "indocumentado", y
4º) Para qué Bertha aceptó semejante carga "sino podía retener a su propio hijo bajo su cuidado" y, afrontar al mismo tiempo su humilde tarea de lavandera y planchadora.

En fin, nada se ahorran para merecer los adjetivos calificativos que a menudo se les endilgan, y por lo que enseguida se escandalizan. Prefieren sentirse “victimas”, antes que abandonar su pobre condición de mendaces, carentes de toda credibilidad.

Juan Carlos Esteban

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