miércoles, 17 de septiembre de 2008

GARDEL: De Espina Rawson a Martina


La nota en la cual la Academia Porteña del Lunfardo informa que la Sra. Iñiguez no perteneció ni pertenece a ella, ha merecido un divertidísimo comentario “ad-hoc” de parte de la interesada.

Luego de hacer referencia a una recomendación que el Sr. José Gobello gentilmente le otorgara para ser exhibida en la Biblioteca Nacional, lo que, como cualquiera en sus cabales entiende, NO TIENE NADA QUE VER CON LA CUESTIÓN EN SÍ; nos hace saber, quizás un poco tardíamente, que, en realidad, no es académica y que todo se debe a una confusión de los medios, siempre tan poco confiables.

Sería interesante investigar si en su presentación personal ante la Comisión de Cultura de la Cámara de Representantes de la ROU la Sra. Iñiguez se adjudica o no esa distinción. Ya veremos.

La investigadora Iñiguez aprovecha la ocasión para tildarme de mentiroso y otras lindezas, entrando así a un terreno en el que no deseo competir, prefiriendo que los hechos hablen por si mismos. Y son los hechos, justamente, los que califican mejor que las palabras la dimensión real de esta señora.

¿Qué fue -pregunto- de sus teorías sobre el Gardel muerto en la guerra de 1914; de sus acusaciones sobre el tema del retrato oval, o de la falsedad del testamento de nuestro cantor?

O por planteo inverso: ¿Alguna investigación de esta señora arrojó siquiera una vez algún resultado positivo? Su última actuación referida a la foto de una revista de 1960, con la que asegura haber hecho un gran descubrimiento, va a tener la suerte que invariablemente ha tenido en todas sus resonantes y publicitadas investigaciones.

Nadie dude que el chapucero invento del Gardel escolar en Montevideo seguirá los tres pasos de la habitual y desolada ruta Iñiguez: fabulación – fracaso - olvido. El tiempo corroborará mi afirmación.

Enrique Espina Rawson

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