viernes, 30 de mayo de 2008

SE LLAMABA "CARLOS GARDES"


La llegada a Buenos Aires, su educación salesiana, su paso por la escuela “San Estanislao”, su detención en Florencio Varela, su actividad como tramoyista y su posterior ida a Montevideo, fueron verdaderos hitos en la vida de quién luego adoptaría el nombre de Carlos Gardel.

Cuenta Rodolfo Omar Zatti (1) que en el año 1906 nuestro querido Zorzal, todavía adolescente llegó a Montevideo. Habita en un conventillo de la calle Dayman (hoy Julio Herrera y Obes) y “se emplea como peón electricista”, si bien a Carlos “ya lo deslumbraba el canto” y en su contacto con cantores populares y payadores, fue formando su manera de cantar, a la vez que educando su voz.

Dice Zatti que entre esos “personajes” que hacían escuchar su arte, se encontraba el famoso payador Juan Pedro López, a quien luego con los años Carlos le ofreció una dedicatoria que decía así: “”Al gran cantor uruguayo, el más popular e incomparable payador, sentido y buen amigo Juan Pedro López, sinceramente Carlos Gardel”. Nada de compatriota o paisano. Simplemente gran cantor y amigo.

De algunos años después, cuando el Morocho del Abasto era conocido ya en Montevideo como “El porteñito”, Zatti relata: <<>>

En Buenos Aires, Carlos comenzó a cantar para sus amigos de "O’ Rondeman”, en otros sitios a los que era invitado y en los comités políticos. Según dicen Julián y Osvaldo Barsky (2) , él “buscaba su lugar como artista, actuando donde podía, como solista o en dúos, con el pibe Rafael, el chileno Atilio Moncalves o D’Angelo”

Esta forma de vida no estaba, ciertamente, en los planes de doña Berta cuando cruzó en 1893 el océano Atlántico con su pequeño niño, pero una cosa es lo que “el hombre” propone y otra “lo que Dios” dispone.

Su hijo Carlos Romualdo Gardes, a quienes muchos apodaban “el francesito”, había elegido otro camino, al cual no estaba decidido a renunciar y que evidentemente contrastaba con los sueños de su madre. Prevalecía en él, su intrepidez, su firme vocación y el ansia sin fin de vivir aventuras ligadas a su vocación.

Para fines del año 1911 y principios de 1912, Carlos se lanzó a los caminos dispuesto a lograr el éxito que le permitiera transformar su vocación en un medio de vida.

Lo hace formando dúo con Francisco Martino, ya que José Razzano – por problemas particulares. no pudo en ese momento ser de la partida, pero luego se incorpora al binomio y se conforma así el trío, cuyo andar podemos en parte reconstruir gracias al trabajo de Hamlet Peluso y Eduardo Visconti (3) , y a la propia “libreta de tapas negras” de Carlos, que hoy está en poder del coleccionista Angel Olivieri.

En esas primeras giras, nuestro Zorzal actúa con su nombre de familia, Carlos Gardes, según lo atestiguan anuncios publicitarios y notas periodísticas. Por ejemplo el diario EL NOTICIERO de San Nicolás da cuenta de la actuación en esa ciudad de los jóvenes Gardes – Martino y Razzano, información que repite EL PROGRESO, donde también se lo nombra como Carlos Gardes.

Otro tanto sucede en Pergamino, donde el diario de esa ciudad da cuenta de la actuación del trío encabezado, en su denominación, por un joven de apellido Gardes.

En agosto del año 1913, Gardes – Martino y Razzano actúan en el Club Social de la ciudad de Rojas y luego en los salones de “La Perla” y el “Colón” de ese mismo lugar, alcanzando en todos los casos - según las crónicas de la prensa - “una delirante ovación”.

Los éxitos se repiten en Bragado, Mercedes. Chacabuco, Alberti y General Viamonte. El trío Gardes – Martino y Razzano vuelven a Buenos Aires y ahí comienza otra historia.

A los efectos de esta nota, sirve resaltar la utilización al comienzo de su carrera de su nombre de familia, el que luego reemplazará por el de Carlos Gardel, situación que lo lleva a dejar la siguiente expresa constancia en su testamento: “que mi verdadero nombre y apellido son Carlos Romualdo Gardes, pero con motivo de mi profesión de artista, he adoptado y usado siempre el apellido "Gardel" y con este apellido soy conocido en todas partes”

Es evidente que todo esto constituye una prueba más, sin lugar a dudas, del origen francés del intérprete que paseó por el mundo la canción rioplatense, aunque nuestro Zorzal, fiel a sus sentimientos y convicciones, siempre se presentó representando a la Argentina.

Unamos los pormenores de esta reseña, con el respaldo dado a su personalidad por sus compañeros y las autoridades del Colegio Pío IX, para aventar toda malintencionada negación de su paso por los claustros salesianos.

José Pedro Aresi

(1) Gardel en el corazón del Río de la Plata
(2) GARDEL La biografía
(3) CARLOS GARDEL y la Prensa Mundial

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